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Fotomontaje · Antimilitarismo

Martha Rosler: cuando la guerra entra en casa

Instalación Martha Rosler Library
Foto: John Lord · CC BY 2.0 · Origen

Una cocina luminosa, muebles cuidadosamente elegidos, la promesa de una vida cómoda. Y, en medio de esa escena, una imagen de la guerra de Vietnam. Martha Rosler colocó juntas dos realidades que las revistas y la televisión solían mantener separadas. El resultado no necesitaba un gran discurso: la contradicción estaba delante de los ojos.

Entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, Rosler realizó los fotomontajes de House Beautiful: Bringing the War Home. Tomaba imágenes de interiores domésticos y las combinaba con fotografías del conflicto. La técnica era deliberadamente directa. Los recortes no buscaban engañar al espectador haciéndole creer que aquella escena había ocurrido realmente; querían mostrar la distancia moral que permitía consumir imágenes de la guerra mientras se contemplaban anuncios de bienestar.

El título de la serie juega con el nombre de una revista de decoración y con la idea de traer la guerra a casa. Porque la guerra ya estaba allí, en las noticias y en las decisiones políticas que la sostenían. Lo que faltaba era reconocer esa presencia. Rosler rompía la frontera visual entre el confort privado y la violencia ejercida lejos de él.

Décadas después retomó el procedimiento para abordar las guerras de Irak y Afganistán. No se trataba de repetir una fórmula por nostalgia. Habían cambiado las pantallas, las campañas militares y los hábitos de consumo, pero seguía existiendo una facilidad inquietante para pasar de una noticia sobre víctimas civiles a una publicidad de sofás sin detenerse un segundo.

Rosler ha trabajado también con vídeo, fotografía, instalaciones, textos y proyectos relacionados con la vivienda, el espacio urbano y las condiciones de vida. La instalación Martha Rosler Library, cuya fotografía acompaña este artículo, pertenece a otra vertiente de su trayectoria: una biblioteca de libros puesta en circulación como espacio de encuentro y discusión. No es uno de los fotomontajes sobre Vietnam, y conviene distinguir ambas obras.

Su trabajo no ofrece al espectador la comodidad de sentirse inocente por haber entendido una crítica. Le pide algo más incómodo: observar cómo miramos. Una imagen de guerra puede conmovernos durante unos segundos y desaparecer bajo la siguiente publicación. Rosler se preguntó qué pasaría si ya no pudiéramos apartarla tan fácilmente del lugar donde vivimos.